Cabe tratar, por último, el signo de puntuación que acota las unidades mínimas del texto: la coma. Los manuales dedicados a la puntuación suelen listar una serie de usos aparentemente heterogéneos de la coma. De este signo reconoce, básicamente, las siguientes funciones: la desambiguadora (Minutos después de reunión no hablaba nadie./Minutos después, de la reunión no hablaba nadie.); la indicación de elisiones verbales (A unos les gusta una cosa; a otros, otra.); la copulativa (En aquella reunión había ejecutivos, sindicalistas, trabajadores y periodistas.); la de marcar un cambio de orden de un determinado elemento oracional (Abrió la carta y, sin decir, palabra, se marchó./Abrió la carta y se marchó sin decir una palabra.); y la de indicación de incisos. Entre los elementos incidentales se incluyen las aposiciones, los vocativos, las construcciones absolutas, etc. (vid. Solà y Pujol 1989).
En nuestra opinión, es posible proporcionar una explicación unificada de todos estos usos de la coma. Si partimos de la base de que este signo señala unidades de procesamiento en el interior del enunciado oracional, es posible plantear que la coma separa constituyentes que no pertenecen al núcleo básico sujeto+predicado (V+complementos subcategorizados por el verbo), de modo que con esta marca el emisor orienta al lector para asignar al enunciado oracional una estructura de constituyentes en la que determinados sintagmas (los que aparecen separados por coma) presentan un nivel de incidencia o complementación sintáctica más externa de la que mantienen entre sí los elementos que conforman la unidad sujeto+predicado.
A diferencia del punto y aparte (que define párrafos), del punto y seguido (que separa enunciados textuales) o del punto y coma (que delimita cláusulas textuales), la coma acota sintagmas (es decir, cierra sintagmas). La coma, desde nuestra perspectiva, anuncia unidades no argumentales (o, formulado en otros términos, define complementos no subcategorizados). En consecuencia, puede proponerse que esta marca instruye al lector a procesar el sintagma que separa, no como un complemento del núcleo del sintagma precedente (o siguiente), sino como un elemento que cabe adjuntar a un nodo más alto en la jerarquía estructural (cfr. de Beaugrande 1984: 208).
En función de la información que se ha hecho accesible por el procesamiento del enunciado previo y a partir de la instrucción de procesamiento codificada por la coma –junto con la información conceptual codificada por el nuevo sintagma- el lector debe decidir a qué proyección máxima debe adjuntar el segmento definido por la coma. La elección, en todos los casos, estará motivada por la búsqueda de relevancia óptima. Considérense, en este sentido, los ejemplos de (7):
(7)
No puedo ayudarte sinceramente.
La policía ha dejado en libertad al individuo que detuvieron por error.
Pedro exigió que su hermano le hablara con buenas palabras.
Tramitaremos el expediente que solicitaron por correo.
La ausencia de coma en las secuencias precedentes induce al lector a interpretar que el emisor no puede ayudar de manera sincera al oyente (7a); que la policía detuvo por error a un individuo, al que posteriormente han dejado en libertad (7b); que quien debe hablar con buenas palabras es el hermano de Pedro (y no el propio Pedro) (7c); y, por último, que quienes solicitaron el expediente lo hicieron por correo (7d).
La inserción de una coma ante las unidades sinceramente, por error, con buenas palabras y por correo, por el contrario, fuerza al destinatario a inferir una forma proposicional distinta a la que cabe asignar para los enunciados de (7). Compárense, a este respecto, las secuencias de (7) con las correspondientes versiones puntuadas de (8):
(8)
No puedo ayudarte, sinceramente.
La policía ha dejado en libertad al individuo que detuvieron, por error.
Pedro exigió que su hermano le hablara, con buenas palabras.
Tramitaremos el expediente que solicitaron, por correo.
En las secuencias de (8), la coma obliga al lector a adjuntar los constituyentes sinceramente, por error, con buenas palabras y por correo a un nodo más alto que el correspondiente a las unidades sintácticas inmediatamente anteriores (en todos los casos, el SV contiguo). En (8b-d), la coma determina que la interpretación más coherente con el principio de relevancia sea aquella en la que los elementos separados por la coma se procesen como modificadores del SV de la oración matriz. En estos casos, la coma contribuye decisivamente a la recuperación de la forma proposicional del enunciado.
En (8a), por su parte, la coma exige que el adverbio se interprete como una valoración o calificación del acto de habla realizado al emitir la oración. Se trata, por tanto, de un adverbio ilocucionario o de la enunciación (vid. Nolke 1990). Para interpretar el enunciado oracional, el lector debe incorporar la información conceptual codificada por el adverbio a un nivel superior de explicatura (la explicatura de alto nivel, como la denominan Sperber y Wilson 1986 y Wilson y Sperber 1993). En el ejemplo de (8a), la forma proposicional del enunciado oracional debe integrarse en una descripción de acto de habla del tipo El emisor dice sinceramente que no puede ayudar al destinatario. La coma impone, por tanto, la interpretación del adverbio como modificador de la enunciación (y no del enunciado).
La comparación de las secuencias de (7) y de (8) muestra que la coma establece restricciones en la determinación de las explicaturas del enunciado (concretamente, guía la asignación de una determinada forma proposicional a la oración emitida, como sucede en (8b-d)). El hecho de que la interpretación de los enunciados de (7) difiera ostensiblemente de la obtenida a partir de las correspondientes versiones puntuadas de (8) muestra que la coma puede contribuir, en casos determinados, a las condiciones de verdad de la emisión. En otras ocasiones, sin embargo, como se ejemplifica en (8a), la coma proporciona las claves necesarias para la recuperación de las explicaturas de alto nivel del enunciado.
A partir de la función básica de la coma (obligar a lector a procesar el sintagma que delimita como complemento, no del núcleo precedente, sino de un nivel más alto) pueden explicarse tanto el uso de la coma para marcar elisiones verbales, como el de la coma para delimitar elementos coordinados de una serie. Considérese, por ejemplo, la coma que señala elisión de verbo y complemento directo en el enunciado de (9):
(9)
Pedro toma café por la mañana; Juan, a todas horas.
En este caso, la coma de la segunda cláusula textual impide analizar el sintagma a todas horas como complemento del elemento que le precede en la cadena lingüística. Una vez el lector ha procesado la primera cláusula del enunciado textual, la asignación de la palabra Juan a la categoría de SN le permitirá plantear la hipótesis sintáctica de anticipación de que a continuación encontrará un SV, lo que conduce, por sustitución de la variable, a la hipótesis lógica de anticipación Juan hace algo (cfr. Sperber y Wilson 1986). En este punto, el lector procede a una asignación provisional de referente a la expresión Juan, a partir de la suposición de que el emisor ha intentado ser relevante (en caso contrario, el emisor hubiera proporcionado más datos sobre el referente).
La presencia de una coma, en lugar del constituyente SV, obliga al lector, sin embargo, a reformular sus hipótesis iniciales. Dado que este parte de la base de que el emisor intenta ser óptimamente relevante, la coma debe indicar que el segmento omitido es fácilmente recuperable mediante un proceso de enriquecimiento inferencial. De hecho, la información elidida resulta accesible porque aparece contenida en la forma proposicional que el lector ha asignado a la cláusula anterior (explicatura esta que forma parte del contexto para el procesamiento de la cláusula siguiente). La coma, por tanto, guía el proceso de construcción de la forma proposicional que debe asignarse a la segunda cláusula.
En la interpretación del texto, el lector procede en todos los casos a formular hipótesis sobre la estructura sintáctica y sobre la representación semántica del enunciado en curso de procesamiento. La confirmación de tales hipótesis le permitirá llevar a cabo las tareas inferenciales de recuperación de las explicaturas del enunciado. Considérese, a este respecto, los enunciados de (10):
(10)
Ricardo, el banquero y su mujer fueron a la fiesta.
Ricardo, el banquero, y su mujer fueron a la fiesta.
Como hemos establecido, la coma anuncia en todos los casos un nuevo sintagma. Ante esta marca, el lector se ve obligado a incorporar la nueva información a la ya procesada, a fin de determinar las posibles explicaturas del enunciado. La coma le indicará que el nuevo segmento es un constituyente no subcategorizado, de modo que está forzado a formular una nueva hipótesis sobre cuál es el nivel de incidencia o complementación del nuevo constituyente. En caso de que el lector encuentre una coma tras un SN, puede formular la hipótesis de que lo que viene a continuación es un complemento del sintagma precedente; si confirma tal hipótesis (la presencia de un pronombre relativo, por ejemplo, que su suposición es correcta), esperará entonces una segunda coma que clausure el complemento explicativo.
Esta segunda coma resulta decisiva, de hecho, para guiar la interpretación del sintagma a la derecha de la coma como el segundo miembro de una aposición o como el segundo elemento de una lista o enumeración. La presencia de coma tras el SN el banquero, en (10b), obliga al lector a interpretar esta expresión definida como un complemento explicativo del SN antecedente (interpretación imposible en (10a)). La coma, por tanto como el resto de signos de puntuación considerados hasta el momento, restringe de modo eficaz la gama de posibles interpretaciones del lector.
Con el análisis que hemos trazado a lo largo de esta exposición se demuestra la viabilidad de explicar determinados fenómenos de estilo en el marco de la teoría de la relevancia. Así, y como pretendíamos confirmar al presentar el funcionamiento cognoscitivo de los signos de puntuación, la adopción del programa de Sperber y Wilson (1986) permite ofrecer una visión mucho más simplificada y funcional del papel de la puntuación en la comunicación escrita. Nuestro propósito, en el presente trabajo, ha sido llevar a cabo una reflexión en torno al contenido intrínseco de algunos signos de puntuación, unificando y clarificando la polifuncionalidad asignada por la normativa a cada signo.
viernes, 30 de enero de 2009
Criterio de estudio: Semantica y Gramatica
La Gramática estudia la lengua, teniendo en cuenta -según la filosofía que la sustente- en algunos casos solamente las formas (como en la Gramática estructural), o las formas y los significados (como en la gramática tradicional).
La Gramática, pues, es una descripción sincrónica del sistema de una lengua. Constituye el estudio científico de su funcionamiento y sus características, en el momento actual; explica cómo es el sistema.
Para su estudio, se distinguen tres criterios gramaticales:
Criterio sintáctico: función, régimen, conexión, concordancia, coherencia y cohesión.
Criterio morfológico: variaciones o accidentes de los vocablos: género, número, persona, caso, grado, tiempo, modo, etc.
Criterio semántico: significaciones, connotación y denotación.
Otros campos del estudio del lenguaje, lo constituyen:
Fonología o fonética: aspectos sonoros: vocales, consonantes, acento y entonación, etc.
Sistema gráfico: representación de los elementos sonoros: letras, signos de puntuación, etc.
No es tarea fácil separar totalmente la sintaxis de la morfología, como lo han demostrado algunos lingüistas.
Etiquetas:
Criterio de estudio: Semantica y Gramatica
sábado, 24 de enero de 2009
Bienvenida
Sale, empezamos una nueva aventura, el lengüaje es tan extenso y tan profundo como el mar, pero también es al mismo tiempo, tan simple y claro que te permite crecer y ser diferente en el hablar y el actuar, de aqui hasta que dejes de querer... y de ser.
Atentamente
El Alquimista
Atentamente
El Alquimista
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
